Tuve que ir a una oficina del IPS para hacer una declaración jurada de que al presente estoy vivo. Antes de entrar a la oficina, había imaginado diversas maneras en que uno podría demostrar estar vivo. Por ejemplo, hablar con claridad y precisión; o bien, mostrarse activo y aun exuberante; también, entrar a la oficina con agilidad y moverse en la silla. Cuando estuve frente a la funcionaria que me iba a tomar la declaración jurada, decidí ser más sencillo, y le pregunté si tal vez bastaría que yo jurara:
“Juro que estoy vivo”.
Pero ella leyó las instrucciones para los casos de estas declaraciones juradas, y una de ellas decía que tenía que haber completa seguridad de que la persona no estaba mintiendo, porque faltar a la verdad es una falta muy grave en la legislación. Así, no bastaba que yo jurara estar vivo. En orden a entender bien la extrañísima situación en que parecía encontrarme, y en cierto modo a la vez, para mostrar cierta habilidad argumental, cosa que pudiera contribuir a la certificación de supervivencia, introduje el tema de si los fallecidos podrían concurrir a jurar que estaban vivos, lo cual sería, evidentemente, un caso flagrante de engaño a la legislación del país. La funcionaria entonces leyó las instrucciones respectivas, y como no encontró ninguna referencia a esta posibilidad, fue a consultar con la directora de la institución. Lo único que se aclaró fue que hasta la fecha, no se había presentado ningún muerto a jurar que estaba vivo, pero que si tal cosa ocurriera, sería encarcelado de inmediato, ya que no existe la posibilidad legal de hacer un juicio contra personas fallecidas.
Después de numerosas averiguaciones, y relecturas de las instrucciones, la funcionaria me dice finalmente que ella iba a correr el riesgo de tomarme la declaración jurada de que yo estaba vivo, siempre que mi cara presente coincidiera con la cara de la foto de mi carnet de identidad. Hecha la comprobación, por fortuna yo había sacado mi carnet hacía poco tiempo, ella procedió a escribir el certificado que decía simplemente:
“C.D.V. se encuentra vivo”.
La verdad, me sentí bastante aliviado que se confirmara legalmente que estoy vivo. Por supuesto, tratándose de la muerte, uno siempre quiere estar bien seguro.