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Notas
El guante al revés: el Necronomicón y la condición humana
Arturo Méndez-Roca

Después de un tiempo bastante largo prosigo este proyecto atascado por varias razones: la falta de fondos, una afección no muy intensa pero bastante molesta que me impidió viajar a Chile y la dificultad de comunicarme con Yusuf, que ahora recién ha vuelto a dar señales de vida y me ha mandado un material por correo postal desde alguna parte de América del Norte. Él reside allí desde el golpe de estado en Chile, que lo pilló cuando cursaba la secundaria y era uno de los dirigentes de su liceo pese a sus escasos 14 años. Por el asunto de los derechos de autor, este tipo de material no conviene mandarlor por internet. No es seguro. Y la encomienda por correo se demoró bastante. Yusuf me dio a entender que prefería que no divulgara su actual residencia, y también me dijo que no está muy boyante económicamente.  

 

El viaje que yo iba a hacer a Chile tenía como objetivo entre otras cosas justamente ponerme en contacto con el padre de Yusuf en Talca, para solicitarle apoyo económico a él por mi intermedio. Al caballero le ha ido bastante bien, ya que está de intermediario para la exportación de fruta y ahora hay mucho comercio con Estados Unidos. Otra causa de mi demora es que Yusuf estaba un poco molesto conmigo por haberme referido alguna vez a él, en otra entrega de este proyecto, como al “pobre Yusuf Nehme”. “Pobre será tu abuela, la tuerta”, me dijo bastante enojado una vez que me llamó por teléfono, específicamente para insultarme desde un lugar ignoto. No me habló por meses, y al fin me mandó un email para pedirme que cuando fuera a Chile pasara a ver al viejo para pedirle plata y después se la mandara a él. Como si no hubiera pasado nada. Yo estaba bastante amoscado todavía pero le dije que sí. Como decía, a las finales no pude ir pero le mandé un email al señor Nehme. Todo lo arreglamos a través de la Western Union. Recuerdo haberle escrito al viejo que había visto a Yusuf hacía poco y que estaba bien.

 

Pero basta de anécdotas. Además me demoré bastante en elaborar esto porque estaba siguiendo la malhadada elección en Chile, que parece confirmar ese destino aciago que parece haber adoptado nuestro país hace como cuatro décadas, y que lo convertirá quizás en una cabeza de puente en el sur del continente para mover guerras contra los pueblos de América. Pero no nos vayamos por las ramas.

 

Según Yusuf, que asegura haber examinado exhaustivamente la versión árabe del Necronomicón de Abdul Alzahred, allí se encuentra el origen de lo que predican del hombre las principales religiones. Esas religiones, según la introducción de la versión en inglés del Bhagavad Gita de Swami Prabhavananda y Christopher Isherwood, prologada por Aldoux Huxley, serían manifestación de un meollo religioso-filosófico que este último denomina “Filosofía perenne”, cuyos principios se encontrarían (y cito entre comillas) “en los Vedanta y la profecía hebrea, el Tao Te Ching y los diálogos platónicos, en el Evangelio según San Juan y la teología Mayahana, en Plotino y el Aeropagita, entre los Sufís de Persia y los místicos cristianos de la Edad Media y el Renacimiento”. Luego de más cháchara, Huxley dice que “En el centro de la Filosofía Perenne hay cuatro principios", de los cuales aquí nos interesa el primero, el tercero y el cuarto.

 

El primero dice:  “El mundo fenoménico de la materia y la conciencia individualizada—el mundo de las cosas y animales e incluso de los dioses—es la manifestación de una Base Divina, en la que todas las realidades parciales tienen su ser, y aparte de la cual serían inexistentes”. El tercero afirma: “el ser humano posee una doble naturaleza, un ego fenoménico y un yo eterno, que es el hombre interior, el espíritu, la chispa de divinidad al interior del alma. Es posible para el hombre, si así lo desea, identificarse con el espíritu y por lo tanto con la Base Divina (Divine Ground), que es de la misma naturaleza que el espíritu”, y, para finalizar, el cuarto principio es que “la vida del hombre sobre la tierra sólo tiene un fin y propósito: identificarse él mismo con su Yo eterno y así llegar a un conocimiento unificador con la Base Divina”. Qué bonito. Eso que citamos es la comidilla de casi todas las religiones y filosofías más conocidas.

 

Pero según Yusuf, y según él, de acuerdo con Abdul Alzahred, se trataría de una doctrina que el hombre habría invertido en el curso de los milenios “como un guante vuelto al revés”, y cuyos orígenes habrían sido establecidos en el Necronomicón,  en el segundo segmento de la columna de la izquierda, interpretación que paso a resumir:

 

—Originalmente el “hombre interior” no sería espíritu, alma, chispa divina, etc., sino material, orgánico, vivo, de impulsos y procesos químicos, indiferenciado, que reproduce ciegamente los mismos ciclos, ritmos y tropismos. Su única universalidad es la universalidad del magma vital, de eso orgánico y material: el barro primigenio del génesis. El universo es materia ciega y homogénea, sin partes, es el cuerpo de esos dioses antiguos a que a veces se refiere Lovecraft en su narrativa: Azathoth, dios estúpido ciego y babeante en el centro del universo y Nyarlathotep, el Caos Reptante.

 

—El yo ‘externo’, por el contrario, es el de la separación, la individuación, la inmaterialidad de la mirada producto del sentido de la vista, y otras significaciones que se proyectan en una unidad social y cultural y generan una conciencia individual que en el caso humano se entrelaza con otras e instaura una gran tarea condenada de antemano al fracaso, en un proceso de alteración, negación, alternancia, individuación y alternatización respecto a ese magma primitivo, primigenio. Un movimiento hacia la cultura, por ejemplo, y hacia la creación e intercambio de significados, en realidad nada o casi nada, formados a partir de lo material ciego que más temprano que tarde los subyuga y reabsorve. Es una situación transitoria y caduca, “como luciérnagas en la atroz noche ilimitada del universo que a la postre la subsumirá”, dice en mismo Abdul Alzahred transparentando esa melancolía y depresión productos de su extremada lucidez cosmológica, filosófica y antropológica que lo llevarían a la locura y el suicidio.

 

Así, según el mismo filósofo y poeta árabe, los pueblos no podían contemplar y venerar esos mitos ni las grotescas divinidades, a Azathott, ciego y demente, a Nyarlathotep, que es su forma y encarnación de Caos Reptante cuando recupera su territorio aniquilando la luz, construcciones, formas, individuación, tiempo y diferencia. Entonces las naciones para poder vivir culturalmente habrían dado vuelta al revés  la arcaica doctrina “como un guante”, aunque Yusuf en su comentario deja entrever que esa determinada figura poética—una metáfora exhaustiva de las que tanto gustaban los poetas de Al Andaluz—también se puede dejar interpretar como el cuero, ell pellejo, la piel de una mano u otra extremidad, y añade como al pasar que el desollamiento en algunas culturas primigenias era más que un castigo, una ceremonia de la pérdida de la individualidad, del retorno a la divinidad original del caliente y bullente caos primordial, una ‘descarización’, un rito ‘desidentizador’ que se ofrecía al Dios del Caos para mostrar su acatamiento y lograr un plazo de permanencia en el mundo de las formas.