A Hortensia Agurto
A veces
recorrían las columnas en las concentraciones
Nunca fatigadas
soportando niños, estandartes
Las supimos enterradas en vida
deshechas
como papeles arrugados que no han perdido su blancura
bajo los pies de los transeúntes
Supimos de ellas cuando su talle fue segado
Cuando su blusa se cubrió de pequeñas flores rojas.
Cuando cae la noche en Santiago
una mujer canta.
Estarán ahora repartiendo pan en los barrios
rayando los bancos del liceo
O recorriendo las calles, con frío.
Ellas guardan la semilla de nuestras generaciones mestizas
en su vientre
Y el fuego de la vida y la venganza
bajo la piel del pecho.