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Actas : Poesía [an error occurred while processing this directive] Octubre 3, 2011


Poemas del libro 'Caballo de la luz'
Antonio Arroyo Silva

Enviar por Correo-E
 Versión Impresora 

CABALLO DEL FULGOR

 

 

             1

 

 

Caballo del fulgor,

tú eres mi luz azul.

 

Sueña mi otra muerte

de caballero adarga en ristre,

tuerto de tanto entuerto, exhausto de sentido:

no saber qué osamenta se le oxida

a la triste figura del espejo,

no saber que morimos del hastío

en la contienda, que de gozo nacemos

para morir de ausencia, sin subir

a tu grupa, Pegaso de la vida.

 

Más allá no hay abismo

de partida,

el horizonte es el punto.

 

 

2

 

Hasta el mar del nacer

que cabalga la sangre

tu voz en mis palabras:

Que se haga carne

hacia el grito que espanta tu aleteo

que boga por la Estigia de mí mismo

más allá del no ser agazapado.

 

Tu caricia fugaz de tan eterna

enciende el estallido de la aurora

en esta cárcel cóncava del ser.

 

3

 

A entender el lenguaje del destello

con el hálito fértil del conjuro,

llévame a tu espuma,

deslumbra mi conciencia de encontrarme.

 

Caballo del fulgor,

 

                                        apágame los ojos.

 

 

 

EL OLVIDO

 

Tejedora Penélope,

tu perfección fugaz araña ocasos

pues la meta del necio transeúnte

no es llevar a tu tálamo la aurora.

 

 

Sólo el insomne intuye de ese eclipse

que el dulce farallón es desenlace,

y espera de su azúcar tu conjuro:

el gesto bajo el muslo proceloso

que reclama al deseo su espesura,

su estrechez de raíces.

 

Tejedora Penélope,

desteje perfección.

No llega. Poco importas

no pisar el sendero de otro Ulises

sino hacer un tapiz para el olvido.

 

 

 

T.S. ELIOT

 

In my beginning is my end (….)

In my end is my beginning(…)

 

Más allá es más acá.

Todo se va, mas llega su partida

a un regreso que llega a mi principio.

Si no estar es la espera del deseo,

estar es el deseo de la espera.

 

Más acá es más allá. Tu pensamiento

es el mío, poeta que pisara

la sombra de un tercero que fui yo

con desarraigo audaz de mi raíz,

con tu raíz que sufre desarraigo,

trashumancia del ser hacia la hierba.

 

Tu presencia es pasado no nacido

y un futuro que acaba en la ventana

de cualquier horizonte proceloso.

Más allá de la lluvia, más acá

de la ausencia me miro con tus ojos

y veo la mirada taciturna

que le duele a mi vida T.S. Eliot.

 

 

TODOS MIS NOMBRES

 

Dime que eres  il Re dei pescatori

que se lleva las ánimas que pacen la escollera

a vagar por tu luz de mar antiguo.

 

Dime que eres la tierra yerma,

la tierra fértil, eres

la lluvia blanca, Eliot de la lluvia

que azulea ceniza

y amarillea el trigo.

 

Eres el estallido rojo de Ezra Pound

que soñara el letargo

del nómada arcoiris.

 

Dime que eres el  vaso en la mente de Basho,

la planta del banano

que añora vasallaje.

La paz de aquel Octavio imperator del destello

que siembra las aceras del lenguaje

con la semilla tuya. Carlos Edmundo

buscando vellocinos sin las calles del verso.

 

Dime todos los nombres,

cuéntame sus naufragios, sus heridas.

Así te llamas. Eres mi heterónimo.

 

 

EL PRINCIPIO

 

I

 

¿De dónde viene el hábito mordaz

de morderte la lengua en el instante

del recuerdo? ¿De dónde la escollera

que le sigue al olvido cuando pisas

la evidencia de ser tu propio hálito?

 

No calles aunque duela decir lluvia.

Aunque caves la tumba del lenguaje,

llegará otro lenguaje de otra lluvia.

Y si cavas en ti saldrás tú mismo

a sembrar tu agujero de luciérnagas.

 

¿De dónde viene el hábito mordaz

de cegar tu mirada con palabras?

 

 

 

II

 

No mires hacia atrás.

la ventana encendida

ya no espera.

 

Piérdete en el sendero

y no mires atrás,

que si miras la lluvia

serás la misma lluvia

de un lenguaje vacío.

 

Escarba un socavón

en tus palabras

donde yazgan mis huesos

de luciérnaga.

 

 

 

III

 

 

Te fuiste con la niebla a engañar a tus ojos

buscando otra mirada.

 

Te fuiste con la luz a cazar mariposas

y cazaste tus ojos.

 

Felonía del ser: asumir su fulgor.

renegar de su sombra.

 

Sobre Antonio Arroyo Silva, por Luis León Barreto

Este profesor de instituto –ejerce en Guía- nació en Santa Cruz de La Palma en 1957. Licenciado en Filología Hispánica por La Laguna, intervino en tertulias en el ateneo, en recitales en el Paraninfo, en revistas diversas. En 1984, con el novelista Roberto Cabrera, músico del grupo de jazz Gato Gótico, y la también poeta y música Olga Luis Rivero, crea la revista La Menstrua Alba. En 1991 publicó su primer poemario, Metamorfosis, en la revista Azul, texto que fue elogiado por el crítico Jorge Rodríguez Padrón. Su libro más reciente, Esquina Paradise, publicado en 2008 por El Vigía Editora, nos trae sus versos desgarrados, rotos, que son un vómito de luz. Para él escribir es algo imprescindible, una lucha sin cuartel con el lenguaje, esa desazón, esa alegría vinculada a la vida. Luis Feria, Carlos Edmundo de Ory, Rafael Arozarena, Valery, Manuel Padorno, Domingo Rivero, Alonso Quesada son sus nombres imprescindibles para acotar la vida que sale al paso, con sus continuas metamorfosis. Estima Roberto Cabrera que este autor es voz y paisaje, lengua viva y profunda donde el silencio se hace signo.

 


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